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Marco físico

Marco físico NUEVO

La Cordillera Cantábrica constituye una cadena montañosa de más de 400 km de longitud que se extiende muy próxima a la costa y a lo largo del borde norte de la Península Ibérica, entre Galicia y los Pirineos. El origen geológico de la Cordillera Cantábrica se remonta a la orogenia hercínica del periodo carbonífero, hace alrededor de trescientos millones de años, cuando una cuenca marina en la que progresivamente se habían ido acumulado diferentes materiales sedimentarios se convirtió en una cordillera de varios miles de kilómetros a lo largo de una masa continental muy diferente de la actual Eurasia. Doscientos millones de años más tarde, tras un periodo de relativa estabilidad durante el que se produjo la aparición del Mar Cantábrico, tuvo lugar la orogenia alpina del periodo oligocénico.

La climatología, el paisaje, los usos del suelo y, en último término, los recursos hídricos de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, O.A., están íntimamente ligados a este relieve característico de la cuenca y su análisis permite comprender aspectos del ciclo hidrológico como la formación de acuíferos,, la abundancia de escorrentías y/o filtraciones, etc.

 

Climatología

El ámbito del Organismo está localizado entre las latitudes 42 y 44° y coincide sustancialmente con la llamada España verde o de clima oceánico. La regulación térmica ejercida por el mar favorece la existencia de inviernos suaves y veranos templados, excepto en las zonas de montaña, donde se registran las temperaturas más bajas durante la época invernal. Este efecto regulador se pierde progresivamente a medida que aumenta la distancia a la costa, con un régimen marítimo en la zona litoral, un régimen templado-cálido en las zonas intermedias y un régimen pirenaico frío en sectores de alta montaña. En las zonas de cabecera son frecuentes las heladas, que llegan a producirse varias veces al año.

Las precipitaciones son abundantes a lo largo de todo el año, con unos valores medios anuales que oscilan entre 827 y 1787 mm y un promedio de 1296 mm. La distribución anual de las precipitaciones es relativamente homogénea, con dos máximos en primavera y otoño y un mínimo estival. Esta distribución varía localmente en función de la orografía, que ejerce una influencia muy importante a escala local. Así, puede observarse a lo largo de todo el ámbito territorial del Organismo una correlación positiva entre la altitud y las precipitaciones medias anuales, con un incremento medio de entre 80 y 100 mm/año por cada 100 m de altura. Las precipitaciones en forma de nieve son frecuentes en las cabeceras de la demarcación, de tal manera que es frecuente la presencia de un manto nival en las zonas de mayor altura durante la época invernal.

Usos del suelo

El ámbito de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, O.A. se caracteriza por  una gran compartimentación del relieve y una gran variedad paisajística bien diferenciada tanto internamente como con respecto a otros territorios peninsulares. Se pueden diferenciar siete tipos característicos de usos del suelo:

 

  • Forestal: Bosques de coníferas, bosques de frondosas y bosque mixto. Matorral boscoso de bosque de frondosas, de bosque de coníferas y de bosque mixto. Matorrales esclerófilos mediterráneos y landas.
  • Ganadero: Mosaico de prados o praderas con espacios significativos de vegetación natural y semi-natural. Pastizales supraforestales mediterráneos. Pastizales supraforestales templado-oceánicos, pirenaicos y orocantábricos. Pastizales, prados o praderas con arbolado adehesado.

 

  • Agrícola: Cultivos de herbáceas en secano o regadío. Cultivos de frutales.
  • Urbano: Tejido urbano continuo, incluyendo zonas en construcción.
  • Zonas industriales, comerciales y de transporte: polígonos industriales y comerciales, aeropuertos, autopistas.
  • Zonas mineras, escombreras y vertederos.

 

 

  • Otros: Afloramientos rocosos y canchales. Cárcavas y/o zonas en proceso de erosión. Espacios orófilos altitudinales con vegetación escasa. Zonas quemadas y otros usos improductivos.

Unidades de paisaje

En el ámbito de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, O.A. se pueden diferenciar claramente cuatro unidades básicas de paisaje: la montaña; los valles intramontanos; el espacio costero con las sierras prelitorales y los espacios urbanos.

Si desea más información, puede consultar la cartografía del Atlas de los paisajes de España  en el  que se realiza por primera vez una cartografía general y un análisis y valoración del conjunto de los paisajes españoles que puede servir de marco para otros estudios del paisaje a escala regional y local, en la página web del Ministerio para la Transición Ecológica.

 

La montaña

El carácter montañoso del territorio, combinado con la influencia atlántica, conforma una montaña de tipo alpino. La Cordillera Cantábrica, al oeste, es la cadena montañosa más importante por longitud, extensión y altitud, y también la más accidentada, ya que los Montes Vascos, que unen las estribaciones orientales del Pirineo con la Cordillera Cantábrica, presentan un relieve más suavizado.

En Asturias preponderan los materiales del carbonífero, que dan lugar a los yacimientos de hulla a partir de los que se fraguó la industrialización y la caliza de montaña que origina la singularidad de los Picos de Europa, donde se alcanzan las mayores altitudes de la Cordillera, con cimas que rebasan los 2500 m de altura.

En Cantabria los materiales son más recientes, están plegados y sus altitudes son modestas.

En el País Vasco las montañas del interior marcan la línea de separación entre las provincias de Gipuzkoa y Bizkaia con Araba/Álava. Se trata de crestas calcáreas de alturas comprendidas entre los 1000 y los 1600 m de altitud, que forman una barrera natural respecto de las zonas más llanas situadas en la cuenca del Ebro.

Los valles intramontanos

Desde la costa, los cauces de los ríos principales individualizan, junto a sus respectivos afluentes, valles abiertos hacia el mar, sierras, y cordales. En el oeste de la cuenca el sentido meridiano se impone hacia la costa sobre la que se desarrolla una estrecha franja, la rasa costera, que llega hasta el mar formando acantilados, rotos por las rías, abiertas en las desembocaduras de los cursos fluviales principales y en algunos cursos secundarios. Estos valles son unos de los pocos espacios llanos que hay en este territorio, por lo que se aprovechan para cultivos de regadío en las distintas vegas de los ríos. Estos valles también acogen una densidad de población bastante elevada, tanto en los espacios rurales como urbanos.

Más hacia el este, los cauces principales (Oria, Nervión y Cadagua, entre otros) forman un paisaje de valles sinuosos por los que suelen discurrir ríos caudalosos encajados en montañas de pendiente pronunciada pero de moderada altura, ya que son pocas las que superan los 1000 m de altitud.

El espacio costero y sierras prelitorales

El relieve se organiza en una serie de unidades que, partiendo del litoral, están representadas, en primer lugar, por las rasas costeras abiertas al mar en acantilados y diseccionadas por la incisión fluvial, formándose algunas playas y rías. Detrás de las rasas se sitúan las sierras prelitorales, paralelas a la costa. Este territorio se encuentra ampliamente poblado y las actividades principales que se desarrollan en él son las turísticas, aunque todavía conviven con las actividades agropecuarias tradicionales.

Los espacios urbanos

Al lado de las grandes concentraciones urbanas como Gijón, Oviedo, Santander, Bilbao y San Sebastián se encuentran las tierras llanas del litoral y de los valles de los principales ríos, fenómeno reforzado en estos últimos años por la implantación gradual del modelo de “ciudad difusa” propio de una economía postindustrial y terciarizada. Hasta el interior impera la concentración de pequeños pueblos y aldeas que, con frecuencia, tienen una población inferior a 50 habitantes.