Lago de Reocín

Lago de Reocin

LAGO DE REOCÍN

 

El Lago de Reocín, es una masa de agua de origen antrópico que se localiza en el municipio de Reocín, en la Comunidad Autónoma de Cantabria, a menos de tres kilómetros del centro de Torrelavega.

Se localiza en las coordenadas 4°05’02’’ longitud oeste y 43°20’41’’ latitud norte (WGS84), que se corresponden con las 412.170 – 4.799.670 del sistema de referencia Universal Transversal Mercator (U.T.M.) Datum ETRS 89, zona 30. Ocupa aproximadamente una superficie de 40,1 hectáreas, dentro de un perímetro de 2.557 metros.

El Lago de Reocín tiene un origen antrópico reciente, y no sólo en términos geológicos. Las actividades mineras a cielo abierto originaron un enorme hueco en el terreno, que una vez cerrada la mina, y cesado el bombeo que impedía su inundación, fue siendo ocupado por las aguas infiltradas desde el Río Saja a través de los materiales kársticos que dan forma a la geología local.

Hay indicios, pero no certezas, que indica que los romanos pudieron explotar los minerales del Reocín. Y aunque el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos hace mención de las riquezas de estas tierras en el siglo XVIII, no es hasta mediados del siglo XIX cuando comienza la explotación minera actual.

Se cuenta que en 1853, el ingeniero belga Jules Hauzeur se desplazaba desde Torrelavega a Arnao, en Asturias, donde la Real Compañía Asturiana de Minas (de la que llegaría a ser director) tendría una de sus más importantes explotaciones. La casualidad hizo que la calesa en la que viajaba se averiara cerca de Reocín, donde se tuvo que alojar. Caminando por el pueblo descubrió muros compuestos por calamina, un silicato con alto contenido en zinc.

Enseguida se dio cuenta de que se trataba de un importante yacimiento de zinc y plomo, así como de sus posibilidades. Este mineral se encuentra encajado entre las dolomías del cretácico inferior, que forman parte del sinclinal de Santillana.

En 1856 comienzan las labores, que se llevarían a cabo a cielo abierto hasta terminado el siglo XIX. Con el cambio de siglo se comienza a explotar con galerías interiores a las que se accedía mediante rampas subterráneas, inaugurándose el castillete del Pozo Santa Amelia en 1936 para el acceso vertical. La máxima profundidad a la que se llegó fue de 568 metros desde la superficie, para alcanzar la cota mínima de -332,5 m.

Algunos graves accidentes marcaron el devenir de la mina. El 17 de agosto de 1960, de madrugada, se produce la rotura del dique de la balsa de estériles conocida como “La Luciana”. Al llegar al Río Besaya provocó un rápido aumento del caudal, que no sólo conllevó destrozos en las edificaciones, sino que segó la vida de 18 personas.

El 7 de enero de 1965 se produjo un hundimiento de varias galerías interiores, que aunque no causaron en esta ocasión víctimas mortales, destruyó en la práctica el barrio de Pomares. Este suceso provocó la vuelta a las labores a cielo abierto, culminando en el año 1976 con la apertura de “El Zanjón”, que hoy ocupan las aguas.


Esta explotación fue innovadora en muchos aspectos, con la instalación del primer lavadero de flotación diferencial de Europa, en 1927. Este es un sistema que consiste en moler la mena para posteriormente, en función de las distintas características, separar los elementos que la componen mediante filtración, en un primer paso el plomo, y posteriormente, el zinc.

En 1981 la titularidad de la mina pasa a la compañía Asturiana de Zinc, S.A. (AZSA), que trata de rentabilizar la explotación con nuevas innovaciones técnicas, como la mejora de los bombeos, ante la imposibilidad de sellar las filtraciones desde el Besaya.

Un último accidente, con derrumbes tanto en la corta como en las galerías, en marzo de 2003, unido a la baja rentabilidad, avocan al abandono de la actividad, tras 147 años ininterrumpidos. En este lapso se extrajeron 7,3 millones de toneladas de concentrados de zinc y 0,7 de plomo, dejando un hueco de 1.750 por 600 metros de ancho.

Una vez cesada la actividad se decidió el llenado del vaso. El 1 de noviembre de 2004 se detuvieron las bombas que evitaban la anegación trabajando permanentemente, tratando de buscar fechas que perjudicaran el mínimo posible el caudal del Saja. 1.200 m3/seg. comenzaron a llenar las galerías subterráneas, tan extensas que llegaban a Santillana del Mar, por lo que durante los siete meses siguientes fueron colmatándose hasta comenzar la surgencia a través de la corta. Es un espacio con más de 300 metros de profundidad, que no completó el proceso de llenado hasta cinco años más tarde, al llegar a la cota de 60 metros. Cuando ocurrió esto, almacenaba 36 hm3, que lo convierten en el segundo embalse de Cantabria en cuanto a capacidad, sólo por detrás del pantano del Ebro.

Las paredes cuasi verticales, talladas con los grandes escalones o “bermas” desde los que se realizaban los trabajos, delatan su origen. Poco más allá de sus límites, el paisaje se torna en el tradicional agrario cántabro, con sus parcelas irregulares separadas por setos vivos. En su momento, en esta mina llegaron a trabajar más de 3.000 personas, convirtiendo el ya casi extinto pueblo de Reocín en la mayor población del municipio, por encima de su capital, Puente San Miguel.

En cuanto a la vegetación, se puede observar como los prados atlánticos que dominan el paisaje van retrocediendo a favor de matorrales boscosos de transición, allí donde se está recuperando el bosque mixto, aunque cada vez ocupa más densamente las zonas de escombreras, situadas principalmente al sur de la masa. La urbanización es creciente, en los alrededores, sobre todo con polígonos industriales que aprovechan los espacios en desuso de la mina.